Mariscal concibe una gamba gigante con patas de langosta que se ha convertido en parte de la identidad del frente marítimo de Barcelona.

El encargo de esta escultura gigante surge a raíz de la renovación de la zona litoral de la ciudad de Barcelona. La escultura está concebida para coronar el bar Gambrinus, del arquitecto Alfredo Arribas. Mariscal se plantea un guión de cómic, en el que el restaurante ofrece el aspecto de un transantlántico de los años veinte coronado por una gigantesca gamba con patas de langosta, de quince metros de envergadura, dispuesta sobre la terraza ondualda del pabellón. A lo largo de los años, el conjunto de bares que se levantaron en esa zona cayeron en decadencia hasta su total dsparación, sin embargo, La Gamba ha sido comprada y restaurada por el Ayuntamiento barcelonés y se ha emplazado en el mismo lugar ya que se ha convertido en un icono ciudadano que aporta identidad a su frente marítimo y, también, en un atractivo para los turistas, que se fotografían junto a ella.